La escritura y yo
Aún no recuerdo la última vez que escribí, quizás fue cuando le envié una carta a mi hermano en México deseándole lo mejor en su examen de Matemáticas. No es que no se me facilite escribir, pues sin pecar de altanería creo que es una de las cosas que mejor hago en la vida.
Pero ahora que vuelvo a los vicios de las letras y la destreza de ordenar mis ideas, creo justo compartir mis antecedentes en esta materia.
Escribí mi primer poema de amor a los 12 años, a punto de entrar a la escuela secundaria. Recuerdo que estaba enamorada de uno de mis compañeros de clase y les solía dejar poemas sin firma en pequeños pedazos de papel bajo su mesa banco. Todo lo anterior con la intención de hacerme notar, de hacerme visible ante sus ojos. Nunca logré que su perspectiva sobre mí fuera más que la buena compañera de la última fila que solía sacarlo de aprietos cuando no recordaba alguna pregunta en el examen de Historia Universal.
Con el paso del tiempo, menos enamorada y con más conocimientos, descubrí que esto es lo que me gustaría hacer a lo largo de mi vida. Ya que escribir para mí, es la mejor manera de dejar un poco de ti en algún lugar. Es como una droga, más adictiva que muchas otras prohibidas ante la ley. Pues una vez que consumes la dosis suficiente, no puedes parar de hacerlo. En mi caso no puedo.
En resumen, aquí habrá un poco de todo y de nada. De importancia e insignificancia. Lo importante es recordar que en la práctica se configura la excelencia.
Alicia Natalie Parrazal Reyes
